jueves, 31 de enero de 2008

MASACRE EN EL LUNA PARK


Hubo una toma de rehenes en el Luna Park, mientras A.C. ofrecía un concierto lúcido y aterciopelado, de buena música – rock.

Cien infiltrados pusieron contra las cuerdas a seis mil inocentes, que jamás se hubiesen esperado ir a oír buena música y encontrarse con tal malhechores. Rápidamente (extrañamente) la policía de seguridad y la de la ciudad de Buenos Aires se pusieron en acción.

Los malhechores pidieron alcoholes y comida y un millón de pesos (que se repartirían en diez mil para cada cual). Les dieron dos horas a la policía y seguridades para entregar el dinero en un paquete a la puerta del Luna Park. Pasadas las dos horas, la policía se excusó de no tener tal monto. Los malhechores, sabiendo sobre tal mentira y seguros del engaño, mataron a quemarropa a unas quinientas personas. Hicieron el mismo pedido y otra vez le repitieron que necesitan alcohol y comida. Estas dos últimas cosas les fueron entregadas. Pero, ya en sobredosis de alcohol y drogas duras (drogas que ya venían consumiendo desde antes de este acto), los delincuentes comenzaron a inquietarse al ver como la policía no les entregaba el dinero. Quinientas personas más (incluidas niños y ancianos) fueron matados a quemarropa, nuevamente. Ya eran cerca de mil personas muertas. La sangre se hizo presente en el épico estadio.

Pasadas cinco horas, la policía dio el brazo a torcer y entregó el dinero pretendido por los malhechores. Un mediador se encargó de depositar el paquete con el dinero, en la puerta del Luna. Los delincuentes se apresuraron a oficializar la entrega, ya que el dinero debía ser verdadero. Pero para mala sorpresa de los delincuentes, era dinero falso. Luego entonces, masacre total en el Luna Park.

Todos murieron, los cien malhechores, todos los policías que irrumpieron en el estadio y las cinco mil almas restantes. No hubo sobrevivientes. No está de más decir que A.C y todos los artistas de su banda fueron fusilados en los camarines.

Ahora, cómo murió el último, nadie lo sabe.

La masacre será recordada por siempre.

lunes, 28 de enero de 2008

DEL TESORO PERDIDO


Una persona esta rota en la parte del corazón. Que esté rota le hace perder la razón y el sentido de la esencia de la vida, que no es más que contemplar los astros con las mismas emociones que nos conducen a querer alcanzarlos, con las mismas emociones con las que miramos todas las cosas que deseamos en la vida.

Las estrellas representan al montón de personas que se manifiestan con deseos extremos y sueños irracionales en esta vida.

El oscuro firmamento da sensación de vacío en su sentido espiritual, pero buscando su significado, en lo que hace a una definición subjetiva de acuerdo a la comparación en las que expuse a las estrellas, podría afirmar que ese vacío oscuro representaría a la vida misma, sólo porque con nuestra mirada no podemos observar más allá de aquel tejido oscuro también llamado bóveda celeste. No sólo que es imposible mirar más allá de ese tejido sino que también da sensación de esconder profundos tesoros detrás del mismo; en algunos momentos pareciera que las estrellas intentan penetrar ese espacio vacío, mas no pueden, y creo que hasta que no se desvanezcan les será imposible lograrlo. Lo mismo pasa con los seres humanos: algunos no sabemos apreciar la esencia de la vida, que es la naturaleza literaria de la misma; otros intentamos penetrar en la misma y descubrir el origen natural de la vida: ¿para qué vinimos ¿adónde vamos?

martes, 22 de enero de 2008

TODO IGUAL


Hoy, ¿cómo estás?, la vida es siempre igual;
si el corazón te miente, vas muy mal.
Ayer el viento me arrancó tus ojos
de cristal de cielo nuevo.

La vida es como una ruleta, cesa de girar
pero vuelve al instante... a ser rueda.
El alma es un juego mentiroso
aunque es brisa verdadera.

Es el tiempo un desastre natural,
es la luna, que no cesa de brillar
cuando el sol se oculta allá
y la vida descansa siempre igual.

El tiempo, la luna, siempre igual.

Voy a seguir corriendo con ese ángel,
con el vacío de no estar junto a ti.
Soy un fantasma de aire en hiel,
es un fracaso, ya nada puedo hacer.

Mis palabras son boletos
que ya no puedo cambiar,
son versos de amor y ciudad
pero todo sigue siempre igual.


POEMA DE LA AUTORÍA DE HERNÁN DARÍO YUDI

ENCERRADO EN EL RELOJ


El tiempo: cómo vuela, todo me cambió,
es todo lo que tengo y esa es la razón.
Mi reloj está frenado, porque algo sucedió;
mi camisa estaba seca, pero alguien la mojó.

Estoy parado en la tierra con los pies en la luna,
me lastima saber que algún día mi reloj frenará
para siempre; eterno vacío.
Yo creo que estás muy lejos, algo sucedió,
y hoy yo estoy luchando en un tiempo sin reloj.

¡Voy a conseguir lo que quiero! -
Estoy cansado de que todo me salga mal -
El tiempo es un síntoma perdido -
El reloj es una guerra: hay que luchar -

Voy a seguir pensando:
“¿me voy de este mundo sin ella?”,
pero si algún día regreso...
espero que esté esperando, ella,
con ese frío en su melena...

Salgo del encierro en el que vivo,
me estaba llenando de falsas ilusiones.
Morir en ella y por ella sería lo mejor,
no vale la pena seguir así,
ni siquiera sé donde estoy.

Creo que voy a subir
para que nadie me pueda oír;
ella no me puede acompañar
pues ya la he visto pasar.

La sombra ya me está calmando,
la luna está magistral,
la plaza me dejó asombrado,
pero ya nada estaba igual,
¡ya nada estaba igual!


POEMA DE LA AUTORÍA DE HERNÁN DARÍO YUDI

viernes, 18 de enero de 2008

DE MADRUGADA


De madrugada,
cuando duerme la ciudad, los fantasmas andan por las veredas desoladas,
brilla en paz la luna y se oye el susurro del agua en la cisterna.
Las cálidas luces de una usina en plena noche fría
conmueven mi corazón.

De madrugada,
una plaza deshabitada,
un alma buscando a otro alma
y así sucede todo el mundo: en un instante, en un beso, en un flash.

Las melodías de amor se van con el viento
y las arpas de los ángeles se elevan al cielo
y así, de madrugada, transcurre el tiempo, infinito, eterno.

jueves, 17 de enero de 2008

DE LA PERSONALIDAD POÉTICA MASOQUISTA


Una melancolía sostenida de nostalgia incurable, de recuerdos entrañables, profundos, brutales.

La soledad, que lleva a una persona al ocio, le hace caer en esa nostalgia melancólica de recuerdos incurables que no poseen más anestesia que la de luchar a contracorriente, incluso contra su propia soledad, su tranquilidad y su conciencia.

Dejar fluir pensamientos brutales y honestos del inconsciente, que son los impulsos del corazón.

Ese puñal que todo el tiempo me quema, es el resultado consecuente de mi debilidad humana, de mi especial personalidad poética - masoquista (ya quedada en el pasado); contra conformista; hipersensible cursi; aún más perfeccionista como pocas, que posee como contra o contra respuesta a una imperfección que el destino me depara. Merecida o no, son los juegos de la vida, son heridas indeseables e incurables, que cicatrizan con el tiempo (testigo soy de eso) pero que aún así, en mi inconsciente, siguen vivas y dolientes (ya no sé si dolientes) como el fuego y el pecado, pero vigentes: quedan siempre aunque el tiempo pase.

lunes, 14 de enero de 2008

EL PAYASO CRISPÍN


En un circo, estaban un niño y su padre. Ocurre que los padres del niño eran divorciados y ahora, el padre y el niño, se encontraban juntos en el tiempo de dedicación del hombre para con su hijo. Así fue que estaban en un circo, en las gradas del mismo.

Domadores de elefantes, leones y serpientes. Trapecistas y contorsionistas. Como cierre del show, un payaso, alegre, muy alegre en su expresión exterior, triste por dentro, como casi todos los payasos.

El show que el circo brindó duró algo así como dos horas. Todo fue una fiesta. Pero al niño le dieron ganas de conocer al payaso, que llevaba por nombre artístico Crispín. El padre pidió permiso a la seguridad del circo y sus animadores. Como Crispín no estaba muy apurado y, en realidad, iba a quedarse un rato descansando en el camarín, fue posible que el niño lo visitara. Así fue que golpeó la puerta, alentado por su padre que se encontraba a un lado, en el pasillo. Crispín abrió la misma y le hizo una mueca al niño. Saludo con sus manos al padre y le prometió devolver a su hijo en unos minutos. El payaso, ya en el camarín, le regalaba caramelos a montones, todos puestos en una bolsa transparente. El niño comió hasta la última golosina. Crispín aplaudió y le pidió al niño que cerrara los ojos. Este obedeció: así fue como Crispín envolvió la cara del niño con la bolsa, la ató a la altura del cuello. Lo ahogó, fue una muerte lenta. Luego sacó una cuchilla y rebanó el cuello del niño, que en ningún momento pudo emitir sonido alguno. La cabeza del niño quedó envuelta en la bolsa transparente. El payaso salió por una puerta de auxilio. El padre, impaciente por la demora, fue a golpear la puerta del camarín de Crispín. Nadie abrió. La puerta estaba cerrada pero sin llave. El padre abrió y lo primero que vio… ¡fue al cuerpo del niño arrojado en el suelo y sin cabeza! Un grito de dolor conmovió todo el circo. El hombre se arrojo contra la pared y se deslizó lentamente, tomándose los pelos con las manos; unas lágrimas de llanto lo invadieron.

El padre del niño, cuando muchas personas llegaron al camarín, vio que la puerta de auxilio estaba cerrada. Si Crispín había salido corriendo vestido de payaso (como lo estaba cuando este lo saludó) podría encontrarlo con más facilidad, preguntando a la gente. Pero nada sucedió. El hombre hizo la denuncia en la comisaría más cercana a su casa y, entre llantos, se fue a su casa, colgó una soga, corrió una silla en que estaba parado y se ahorcó.

De Crispín no se sabe nada. De la cabeza tampoco.

viernes, 11 de enero de 2008

EL VIEJITO CIEGO Y SU PERRO LAZARILLO


Había una vez un viejito ciego, que se había quedado sin familia, por esas cosas del destino, y tenía, como fiel y compañero amigo a su perro lazarillo, llamado chispita. El nombre de este animal se contradecía en lo total con su aspecto corporal, ya que era un ovejero enorme.

Chispita guiaba todos los días al buen hombre. Lo guiaba hasta la farmacia a comprar medicamentos; al supermercado a comprar comida (para los dos); lo acompañaba a muchos otros lados y sobre todo en la soledad de su hogar.

Chispita era un ovejero de piel negra y marrón, de una boca enorme y filosos dientes, lo que hacía que quienes quisieran tratar de aprovecharse del viejito lo repensaran y a fin de cuentas se alejaran del hombre.

En una ocasión, fueron al supermercado, como les era costumbre, y el viejito compró productos y comida. Pero se olvidó de la comida del buen perro. Este se había dado cuenta.

Al volver al hogar (que, en realidad, era un departamento en la ciudad porteña), el viejo se desabrigó, busco a tientas el plato de comida y su cotidiano vaso para tomar vino tinto). Se sentó a la mesa y, cuando se disponía a comer su arroz con queso rallado, pudo percibir que chispita estaba comiendo fervorosamente de su plato. El viejito, no acostumbrado a estos modales del perro, recordó que, como a esa misma hora también el perro comía su comida, él se había olvidado de comprarle la suya en el supermercado.

El plato fue devorado por el perro. El viejito, en un ataque de furia, le dio unos cuantos bastonazos al lazarillo. Este gimió de bronca y tristeza por la actitud del dueño. De repente, se hizo un minuto silencioso. Luego se comenzó a escuchar unos gruñidos aterradores. Era chispita que, enfurecido, le gruñía al viejito. En un instante, el perro se abalanzó contra el hombre y comenzó a morderlo en un brazo. El dueño bramaba sin piedad… El viejito fue descuartizado por el perro lazarillo. Había sangre por todos lados, un brazo arrancado y una cara irreconocible. Chispita había matado a mordiscones enormes a su dueño ciego.

Misteriosamente nadie fue testigo de dicho evento.

miércoles, 9 de enero de 2008

DE LOS LIBROS AL INFIERNO

Con las ventanas cerradas, las cortinas en velo y las persianas caídas, sin un gramo de luces del sol en mi habitación, dispuesto a escribir lo que la memoria del corazón me indicara, sin saberlo, en ese momento. Esperando recibir algo de esa alquimia bendita y bendecida, porque el talento no existe, es espíritu o destino. O solo cadencia. O tal vez... una forma de inteligencia. Y una frase se me vino a la memoria, frase que luego blandió a mi corazón. Es que perturbado yo estaba por el momento del mundo, que nunca cambia. Tuve mala suerte: no sería como tantas veces... el momento de apuntar la mirada a lo que nunca vemos... aquello abstracto. Era realidad, aunque, para algunos, negada realidad, o cegada realidad. Y la frase, de Thomas Mann, resonaba así... De esta fiesta mundial de la muerte, de esta mala fiebre que incendia el cielo, ¿se elevará el amor algún día?, esto se preguntaba el autor al terminar La montaña mágica. En esta obra se enfrentan los libros con la vida. Las arenas de la historia no dan muestras de haber traído respuesta a esa pregunta fundamental, entonces me pregunto, como tantos más se preguntarán, acerca de los libros.¿Sirven de algo esos objetos que se fueron sacralizando y que pocos se atreven a criticar? Y si es así, ¿para qué sirven?Tantos adjetivos hay que no alcanzan... Hay libros originales, reiterados, agradables, frívolos, vitales, innecesarios, acoplados, inarticulados, iluminadores, perturbadores, inspiradores, inmóviles, ostentosos, reservados, osados o tímidos, divertidos, aburridos, comprensibles, nebulosos, verdaderos, mentirosos, testimoniales o ficticios, claros, oscuros, ocasionales o profundos, desafiantes o serenos, sanos, enfermos, aliviantes o dolientes, y un puñal en mi frente... porque tantos adjetivos pudiera haber que no tuviese sentido seguir escribiendo ya que nunca los alcanzaría al vuelo, tampoco tuvo sentido haberlos escrito, pero lo escrito es huellas en la arena, se debe borrar solo o lo harán quienes caminen detrás de mí, yo no podré hacerlo. Ya no intento hablar de adjetivos de libros... me sale muy mal. Solo que, desde mi forma de ver los libros (que es humilde pero sincera y no está de más decir que mis principios son un nuevo divieso de arena en el mar, y los hay por millones), puede haberlos buenos y malos: que eso es posible. Pero siempre es subjetivo, libros buenos y malos habitando en nuestra mente, alejados de la realidad. Dentro de los malos libros, no por malos sino por malvados, no por causa de calidad sino por consecuencia de nuestros gustos; los hay diversos. Los dos primeros, paradójicamente, los defino con el nombre de dos personajes de la historia que atrapan mi inquietud por saber más de ellos. Los libros Frankenstein (hechos según el cortar y pegar que la computadora propina, que no es lo mismo, y acaso lo contrario, que juntar selectivamente nuestras mejores líneas para engendrar así un buen libro, o un buen poema); los libros Drácula (que succionan nuestro tiempo y no dejan nada) y los libros virus, aquellos que se reproducen sin que sea posible saber cómo, hasta cuándo, con qué consecuencias y hasta qué punto la veracidad y nobleza de su justificación.Por estos tres tipos de libros, creo, no es de extrañar que muchos se alejen de la lectura. Entre las realidades de lo que llamamos civilización creció la industria editorial, frente a la que sería bueno recordar que la lectura es artesanal, como lo es el amar. Y el escribir es sentimiento, como el amor, que no se puede inventar, fabricar o comprar. Al menos es espíritu, que también es un estado del amor.Yo creo estas cosas sólo por creer, y por querer creerlas también. Y como creo me desarmo en creer que la lectura sirve para reconocer lo que no es infierno, cuando el infierno es el centro de nuestras vidas y en medio del infierno vivimos. Y lo que es cielo, cuando todo es nubloso. Lo que es el amor verdadero, en un tiempo en que ese amor se está extinguiendo...

martes, 8 de enero de 2008

VOLVIENDO

De noche me llaman los ángeles; los demonios de día,
cuando reseca el sol; de noche cuando brilla plateado el río.

Me río de los payasos, pues yo mismo lo soy,
tan sobrio y tan ebrio y tan empobrecido de sociedad.

Alguna vez triunfé, alguna vez me equivoqué,
alguna vez caí,
alguna vez me dolió mucho el corazón.

Hoy, en pie, desencajo del mundo,
¡desencajo en cada punto cardinal!

La familia querida y los amigos volviendo,
me ubican en el trono de los poetas agradecidos.

Ya no hay principio ni final:
sólo y todo un trayecto arduo por andar.

La leyenda caerá al suelo donde moja el rocío glorioso – matinal

Así me quedo entre los tiempos todos:
el pasado, el presente, el futuro.

Volviendo, entre vendas de momia y humo de hogar.

domingo, 6 de enero de 2008

ENAMORARME

Enamorarme,
sería sacar un clavo y otro clavo y otro clavo…

Quiero volver a empezar con la luz matinal
que viene brillando desde oriente.

Enamorarme me acercaría a la pasión desenfrenada.
Me acercaría a los locos, borrachines, suicidas.

Quiero volver el tiempo atrás mas eso es para los dioses.

Entonces, quiero lo que no puedo, puedo lo que no quiero.

Enamorarme, sería amorosamente encantador,
sentirme en la ciudad de las fantasías o en el barral mismo.

Así, entre un pensamiento y otro, hay un amor abismal.

viernes, 4 de enero de 2008

LA FAMILIA EN LA CABAÑA


Estaban el padre, la madre y los tres hijos, sentados a la mesa de madera de una afable cabaña, en medio del bosque. Hacía un día hermoso; el sol entraba con potencia por las ventanas y la puerta abierta del hogar. Comían unas deliciosas hierbas azadas por la madre. Los hijos eran dos varones y una muchacha. Los varones tenían, uno, siete años, el otro diez años; la chica tenía trece años de edad. Los tres saludables.

Terminada la cena, el padre se levantó y se dispuso a talar un árbol para obtener leña para el hogar. La madre lavaba los cubiertos. Los hijos varones se divertían con una pelota de peluche, en el verde pasto, cerca de la cabaña. La hija leía un libro de hadas y magia.

Era el atardecer y todos se encontraban en la cálida cabaña. El padre había conseguido leña para el hogar, la madre había lavado todo y tomado una siesta. Los hijos varones, cansados de jugar, habían vuelto a la cabaña y conversado cosas de niños. La hija había terminado su libro de hadas y magia.

Al caer el sol, el padre salió de la cabaña con el hacha en la mano. Parecía que se disponía a talar algún que otro árbol.

En un grito desesperado llamó a los dos varones. Cuando estos llegaron, felices y riendo, el padre de los niños estiró el hacha hacia atrás y, en un envión, degolló a los dos niños que ni siquiera pudieron emitir voz alguna. Las dos cabezas, arrojadas en el pasto, tiñeron el mismo de un rojo carmín. El padre, fuera de sí, fue caminando lentamente hacia la puerta de la cabaña. La niña corría a su encuentro y este la descabezó, igual que a sus hermanos. La madre (esposa del hombre) emitió un grito de espanto y desesperación. El hombre lanzó el hacha hacia la mujer, que murió con la misma clavada en medio de la frente. El asesino prendió la leña en el hogar. Cuando las llamas ardían a más dar, el mismo se metió, como metiéndose a una pileta, y, entre gritos de dolor, se cobijó entre las llamas y murió quemado y devorado por el fuego ardiente.

Dicen que se oyó un grito más aterrador que el de los lobos.

jueves, 3 de enero de 2008

POR QUÉ ESCRIBIR ...


Escribo por inercia, por necedad, por catarsis, por vergüenza. Escribo de parte de todas las ovejas negras, de los desdichados, de los pobres, de los que tienen roto el corazón.

Por qué escribir... Es un mundo cruel y la escritura lo ayuda a uno a saberse en sentido de pertenencia, a saber dónde está parado, a dilucidar los cuatro puntos cardinales, a encontrar el amor entre tanto odio.

Escribo porque es terapia para mí, absoluta y pura. Escribo porque no sé hacer otra cosa mejor que escribir y, a la vez, es la acción que, alguna vez, me salvó de un final oscuro y encendió, frente a mis ojos, una luz de esperanza, iglesia y fe.

Por qué escribir... Porque me da humildad, coraje y templanza. Me quita sueño y me entrega sueños, deseos despiertos. Porque me quita odio y me da bondad. Porque me encanta que me encante (escribir) y me salva del terror de estar vivo. Porque me da calma, alma y paz.

martes, 1 de enero de 2008

CUADERNOS

Los cuadernos se despliegan en el cielo, se deshojan,
quedan vacíos,
vacíos como mi espíritu, tan vacuo, exhausto y apagado.

Se despliegan los cuadernos: me miraré en el espejo y estaré más viejo,
más viejo y más loco, menos cuerdo, borrachín.

Cuando nada importa menos que un corte de pelo,
preocupa el presente y es incierto el porvenir.

El umbral de los tiempos no da a vasto,
ancho de verdad, sólo importa la verdad.

Los cuadernos se despliegan en el cielo,
el río brilla bajo este;
este tiempo de hoy día no te irá a gustar si te lo cuento.

Se despliegan los cuadernos, en el cielo.

DONDE NUNCA LLUEVE

Si me voy al barrio de arriba,
no esperen que llore lo hecho, pues nunca me arrepiento,
mas los esperaré con un mate y un corazón abierto
donde hasta los ángeles caben.

Es la libertad, la salud y la vida eterna,
porque soy creyente:
creo en muchas vidas terrenales y en esa eterna
que despierta dolores, esperanzas, alegrías y tristezas.

Si me voy antes que ustedes,
recuérdenme con una sonrisa de payaso y una armónica desafinada.
De todas maneras sonarán las campanas de lo alto
y yo bajaré mi sombra, para no abandonarlos del todo,
mas espérenme como yo los esperaré, allí, donde nunca llueve.
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La ignorancia contagiosa subconsciente colectiva, ahoga al más sabio y aventaja al más burro