miércoles, 30 de abril de 2008

DE LA SOCIEDAD DE LOS LOCOS

Esta es la vida auténtica de quienes ven a la vida de una manera distinta a la del resto de las personas que en realidad son mayoría, los denominados “normales”. Para la sociedad de todos los tiempos el ser normal implica ajustarse a las reglas morales y normas de convivencia que practican la mayoría de las personas de este mundo. También entran en discusión las costumbres y formas de vida personales que, obviamente, deben ajustarse irremediablemente a las normas de la “sociedad normal”. Entonces, ser aceptado como uno mas de la sociedad mayoritaria tiene como finalidad el poder decir: “Yo no soy un loco, soy una persona normal, con horarios y forma de vida normal, que se ajusta a la sociedad, yo no voy contra las demás personas porque logré adaptarme perfectamente a la idiosincrasia de la sociedad”. Sociedad que para ellos es la civilización en práctica, las personas que se adaptan a la sociedad normal. En fin, ser normal es pertenecer a la mayoría de las personas que habitan esta tierra porque estas mismas lo han aceptado. Y ser un loco es pertenecer al sector invisible de la sociedad que se manifiesta contra las reglas impuestas y costumbres generales, o sea, de la mayoría de la población. Son las ovejas negras de este mundo, inadaptados sociales y “anti – reglamentarios”, así definiría la “sociedad normal” al resto de las personas a las que ellos llaman “locos”. Y son locos solo por el hecho de llevar a cabo ideas propias que por su naturaleza van irracionalmente contra la ideología de la sociedad, de la mayoría de las personas.

martes, 22 de abril de 2008

LA ABUELA DEL NIÑO

El niño jugaba a los dardos en su habitación. Estaba a cargo de su abuela; sus padres trabajaban. El niño era hijo único; adicto a los dardos y a la leche chocolateada.

La abuela del pequeño le preparaba el almuerzo y la merienda (eran los tiempos horarios en que lo padres de este no se encontraban en la casa y en que el niño volvía del colegio, en un remís contratado por los mismos). El pequeño comía gustosamente la comida del mediodía y le contaba a su abuela las cosas hechas en el colegio, con sus amiguitos y profesores.

A la tarde tomaba la merienda y luego hacía la tarea y después jugaba a los dardos (una afición para él; los padres sabían de su habilidad para este juego).

Una tarde faltó la leche chocolateada. Su madre ni su abuela se habían acordado de reponer este producto, esencial para el pequeño.

El niño le dijo a su abuela que sin leche chocolateada no tomaría el desayuno. La abuela le insistió en que fuera a tomarlo, que ella le prepararía un rico jugo de frutas naturales y que le serviría galletitas dulces. (Era invierno, llovía y hacía un frío que helaba hasta los huesos, por lo que la abuela no podía salir a comprar la leche chocolateada).

Finalmente, el niño se quedó en su habitación jugando dardos, con lagrimeos en sus ojos. La abuela, a dos horas que los padres llegaran de sus trabajos, golpeó la puerta de la habitación del pequeño. Este le dijo: ¡vete, no quiero verte! ¡Sos mala! Y la abuela insistió. Al fin entró sin golpear; el niño, en un ataque de furia, estiró el brazo hacia atrás, con un dardo en la mano e hizo impulso para que este terminara clavado en un ojo de la anciana, que parecía un cántaro de sangre. El niño, desesperado y arrepentido, no sabía qué hacer. De repente, recordó que sus padres tenían anotado, a un lado del teléfono, los números telefónicos de sus trabajos y celulares. El niño, muy nervioso, marcó el teléfono celular de la madre, le explicó, algo confuso, lo sucedido y la madre abandonó el trabajo para ir rápidamente a asistir a la abuela. Desde su celular llamó a una ambulancia. Cuando la hija de la anciana llegó, esta ya estaba dentro de la ambulancia, siendo asistida por médicos. Luego fue trasladada hacia el hospital más cercano.

La abuela se recuperó pero perdió la vista del ojo izquierdo. Pasados tres meses…

La abuela cuidaba del niño. Luego de la merienda entró a la habitación del pequeño y lo abrazó. Pero el niño no se percató que la anciana tenía, en una de sus manos, un dardo. Fue cuestión de un instante en que la anciana apretó fuerte el dardo contra el estómago del niño. Este murió desangrado.

La anciana fue condenada a veinte años de prisión. Murió en la cárcel.

miércoles, 16 de abril de 2008

VIVIR


Vivir con la lengua dulce al hablar,
decirlo todo con palabras amenas de hogar y de fuego.

Entrenar la humildad,
la bondad,
la generosidad,
el costado de las cosas,
las maravillas invisibles,
las nostalgias,
los actos de fe.

Vivir con mero corazón,
destilar sangre verde de gaucho y de mate;
ser quien queramos, ser sin lastimar a ningún cercano ni ajeno.

Todo eso es lo que quiero, para mí y para mis amigos
que siempre me esperan
con humilde calidez,
con ternura de varón
y con fuerza de león y de colores.

sábado, 12 de abril de 2008

VIOLENCIA ESCOLAR

Parece que la hipocresía social atrapó y envenenó los cerebros de los humanos más jóvenes. Hablo de los chicos y las chicas que cursan escuelas primarias y secundarias. Por ahí, frente a las puertas de los colegios, se están dañando, se están matando. Dentro de los mismos, están portando armas y amenazando a cursos enteros; golpeando a profesores o a los alumnos más débiles. Parece que intentan acabar con la vida de algunas chicas sólo por el hecho de ser (estas) agraciadas o porque tengan más dinero (cuestión que se debe sólo a sus padres). Son los pobres contra los pobres, los ricos contra los ricos o los ricos contra los pobres.

También, parece, que en las casas se acabó la educación hogareña y cotidiana. Los más jóvenes no encuentran rumbo y si lo buscan, nunca lo encontrarán (en un país sin futuro). Si pudieran leerme, les pediría a los políticos dirigentes, que dirijan. Que para eso están y para ninguna otra cosa.

Termino diciendo: Gobierno, déjese de demagogias y discursos teatrales, que los chicos se están matando, se están muriendo y no deseo que algún chico armado matara a un hijo de sus dirigentes de turno. Bajen ideas y eduquen a una población ineducada.

martes, 8 de abril de 2008

EL CHICO AUTISTA Y SU GATO SIAMÉS

El chico, de trece años, sólo se comunicaba con señas y algún que otro gesto. No era mudo, era autista. Empero, un gato siamés le hacía compañía constante: jugaba con él, dormía con él y contemplaba el silencio con él.

A los padres del chico les era difícil admitir que su hijo no se comunicaba más que con un gato. El autismo les lastimaba hasta el alma.

El gato siamés le estregaba varias veces su hocico contra sus mejillas. El chico se sentía gustoso y placentero cuando el gato lo acariciaba de esa manera.

Una noche de luna llena y resplandeciente como pocas veces, mientras la luna plateaba los muebles de su alcoba, el chico acariciaba tiernamente al gato. Pero el animal, sorpresivamente, reaccionó y clavó sus garras en la mano que lo acariciaba. Rápidamente la mano herida empezó a sangrar, mucho. El chico, al momento que el felino le clavó sus filosas uñas, emitió un grito desgarrador. Los padres, que dormían, despertaron, abriendo grande los ojos. Se dirigieron rápidamente a la alcoba del chico. Este, cuando sus padres abrieron la puerta, se encontraba sentado en posición india, y al lado del mismo: yacía el gato, muerto, con un cuchillo clavado en su estómago. Los padres asistieron a su hijo, oxigenando la mano del mismo. El gato fue envuelto en una bolsa negra y arrojado a un contenedor callejero.

El chico autista comenzó a ver más seguido a su psiquiatra; el chico nunca había hablado, pero luego de matar a su fiel compañero, no habló nunca, nunca más.

viernes, 4 de abril de 2008

NACIONES


Voy a levantar del fango la bandera de todas las naciones del mundo
mas no será la bandera ONU.

Descreo de quienes ríen de más y beben de menos.

Hasta el hastío sería perderte, no quisiera perderte
mas por eso me siento melancólico, entre nervios y algodones.

Mi cerebro no asimila todo bien, posee varias herramientas malditas – rebuscadas
que se rompen en un crudo laberinto invisible.

Voy a castigar a mi amor propio.
No soy masoquista
mas varias veces me he sorprendido por la vida paria y autodestructiva.

Quiero levantar del fango la bandera de todas las naciones del mundo.
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La ignorancia contagiosa subconsciente colectiva, ahoga al más sabio y aventaja al más burro