viernes, 28 de noviembre de 2008
lunes, 24 de noviembre de 2008
EL SEGADOR
Estaban en el campo de trigo, dos niños acostados en el pastizal. Por los crecidos trigos, no se veían sus pequeños cuerpos. Miraban, en tal día soleado, algunas nubes que danzaban por el celeste. Miraban sus formas, sus secretos, y disfrutaban del candor del sol, que iluminaba toda la tierra donde vivían y daba calurosas caricias a sus rostros y cabellos. Los niños seguían recostados en el campo de trigo. Los padres no los veían desde su cabaña pero estaban acostumbrados a que ellos se recostaran a mirar el cielo y conversar cosas de niños.Una segadora de trigo andaba lejana segando trigo. El tractor se movía de una punta a otra del campo. Los niños habían quedado dormidos a la intemperie, entre los trigales. Era la hora de comer y, como de costumbre, el padre los llamó con fuerza para que despertaran. Pero los niños no despertaban; estaban sumidos en un sueño profundo. De repente, un fuego empezó a quemar la segadora en la parte de su motor, sin embargo seguía funcionando. El segador saltó rápidamente, temiendo que el tractor estallase. El padre, confundido entre los niños que no aparecían y la segadora a punto, tal vez, de estallar, se encontraba desesperado. La madre, al oír los gritos del padre y del segador, salió corriendo afuera de la cabaña, hasta donde se encontraba su marido.
El padre de los niños pudo divisar una parte del campo donde los trigos estaban abollados, de seguro ahí se encontrarían los pequeños hijos, recostados y durmiendo. El hombre alertó al segador, que se encontraba en medio del campo a que fuese en busca de sus pequeños ya que el tractor estaba por estallar (era evidente, debido a la cantidad de fuego encendido en el motor). La segadora seguía su curso hacia donde se encontraban los pequeños. El segador corrió con toda su prisa, detrás de él el padre; la madre de los niños largó en llanto y se desplomó en el suelo de losa del patio de la cabaña, atenta a lo que sucediese. El segador corría cual una gacela. ¡Niños! ¡Niños! – les grito el mismo, una vez cerca de ellos. Ahí fue cuando los pequeños despertaron y vieron, de súbito, a la segadora a tan sólo algunos metros de sus cuerpos cansados. Ambos se levantaron pero antes que pudiesen estar de pie, el segador saltó hacia ellos y los empujó, evitando así una desgracia para ellos. Pero él, quedó arrojado entre los trigales aplastados. Cuando se incorporó tenía todos los filos de la segadora en su cara: la muerte fue instantánea, ya que el mismo fue triturado por el tractor, que a los segundos de triturarlo estalló en pedazos envueltos de fuego.
Al día de hoy, los pequeños y sus padres siguen viviendo en la misma estancia. Los mismos y los vecinos de la campiña, recuerdan con honor al gran segador que salvó la vida de dos pequeños niños.
martes, 18 de noviembre de 2008
ERA
mi sed urgente y empobrecidapor un tumor de silencio.
Ni las hadas vinieron a visitarme
y tú, allí, como siempre allí.
Era un espacio sitiado por la pasión
siendo deseo, por el amor que nunca fluyó.
Era un cuartel de invierno después,
mas antes
era la ilusión de dos corazones.
Era el amor a primera vista y la furia después.
Era una despedida sangrando en el horizonte
y mi nombre arrugado en tu cajón.
Era todo, era nada, era la desdicha,
la media vida, el camino en destino, el destino esquivo.
Era tu mirada y tu cabello fogoso.
Era más que una mirada y todo, todo el abismo quedó vacío.
martes, 11 de noviembre de 2008
MUCHACHA
Hay una muchacha que traspasa fronteras y ojos,cual gabinete las montañas, cual hechicera los ojos.
Deja ver el valle, deja ver el alma
y así,
con el reflejo del cielo en el río y el espejo del alma en los ojos,
esa muchacha buena y malvada,
traspasa fronteras y ojos.
Existió alguna vez y era roja y hermosa.
Existió en mi mente, en mi pulso, en mi ilusión.
Existió y lo fue todo y nada para mí.
Qué guerrero con memoria, fui alguna vez.
Qué caballero con olvido, otras veces.
Empero, hoy, la muchacha se extinguió
completamente de mi vida.
Ya no me queda su foto, ni mi ilusión.
miércoles, 5 de noviembre de 2008
EL ESCRITOR Y SU ESMERALDA
Un día, el hombre tuvo un clic en el cerebro y lo abandonó todo: se despidió de su esposa y su pequeña hija y se marchó, en su auto marca Ford, a una zona montañosa de España. Tenía una cabaña pequeña donde escribir. Él sentía que necesitaba mejorar sus ensayos y demás escritos. Para eso necesitaba de la soledad e inspiración de la naturaleza. Había abandonado el diario en que escribía columnas literarias. Había abandonado a su familia. Lo había abandonado todo. Sólo se llevó a la cabaña rodeada de árboles y montañas pedregosas, una vieja computadora, donde escribía y donde escribiría en su nuevo hábitat.
El silencio le invadió. Al tiempo de vivir en las montañas, el hombre encontró una esmeralda de colores amarillos y rojos. La guardo en su cabaña.
El hombre escribía, escribía y escribía, prolíficamente pero en calma y soledad. Extrañaba a su familia, más por no haber llevado una foto de su mujer e hijita donde mirar y recordarlas.
Tenía más de cien escritos – ensayos, había estado conviviendo, entre lobos y aires violentos por la altura donde se encontraba. Pero una noche, de la esmeralda que había recogido meses atrás, emanó una luz brillante, color amarilla y roja. La cabaña se invadió de esas luces. El escritor, que dormitaba, pudo sentir cómo se le helaban los huesos del susto repentino. De las luces salió una sombra, fría y brumosa. El escritor se levantó de la cama y salió corriendo por entre los árboles de la montaña. Ahora estaba perdido en la oscuridad de una noche sin luna.
Cuenta la historia, que una vez se encontró a un hombre desmayado en los bosques de España, con una esmeralda en una de sus manos. Su familia había sido robada y asesinada en el momento en que el hombre se desplomaba entre los árboles. La mujer había sido violada y matada frente a la hijita que, entre llantos, corrió hacia su madre. La niña fue traspasada por un puñal. El asesinato fue a pleno sol y la sangre no se hizo esperar.
Cuando el hombre fue asistido por otra persona que vivía en el bosque. El hombre decidió volver hasta su casa de ciudad. Dejó la esmeralda. Cuando llegó a su hogar y abrió la puerta, se encontró con una soledad parecida a la que había encontrado en el bosque.
Un mensaje en el teléfono decía así: Somos los demonios que salen cuando hay luz amarilla y derramamos sangre roja cuando se nos antoja. Su familia ya está en la morgue. El hombre rompió todos los escritos, entre llantos de impotencia.
Nunca quiso saber nada más de la esmeralda, pero cambió su rumbo literario y escribidor.
sábado, 1 de noviembre de 2008
MALA MEMORIA
Mi mala memoria no me permite recordarlos días fríos de sol y las noches de sábanas calientes.
Tampoco tu rostro, que ya no tengo más
en una foto en un cajón.
Mi mala memoria, a veces de papel (que no se incendia más),
otras veces de madera (que ya no se quiebra).
Mi reputación
no es en compañía de una chica con las primeras seis letras
porque jamás lo serías, jamás me engañarías
y toda tú hubieras sido la princesa de un loco príncipe vagabundo.
Pero el ´hubieras´ queda olvidado por siempre
en los anales de los años felices perdidos.
Mi mala memoria tiene color blanco, de olvido y de paz.




