EL HOMBRE CON SOMBRERO (LA GUADAÑA)
El hombre sufría de adicción al alcohol e insomnio. Hasta mezclaba vinos y güisquis con medicamentos para dormir. Un día peleó con su amante (ya que esa mujer de su vida, no vivía con él, pero se veían día por medio). Y, cuando ella se marchó masticando impotencia, miedo y bronca, el hombre la intentó alcanzar bajando las escaleras, cuando tropezó y dio tantas vueltas por las escaleras que machucones y heridas de sangre le quedaron en el rostro, y dolores en todo el cuerpo. El hombre se sentía débil. La mujer no atinó a mirar hacia atrás, pero el hombre no recordaba cómo había llegado de nuevo al departamento, ya que había amanecido recostado en su cama con todas esas heridas en la cara y todos esos dolores molestos en el cuerpo, sobre todo en la espalda.El hombre había sido un exitoso abogado, de prestigio. Un abogado capaz y honesto, sobre todas las cosas, siempre decía la verdad. Al día presente se encontraba endeudado, sin dinero y alejado de sus hijos. Su ex – esposa vivía con ellos (no está de más decir que la mujer que había sido su esposa, cuando ocurrió la separación entre los dos, hace unos once años, había sufrido muchísimo el adiós). El hombre había sufrido mucho la partida de su casa y su familia, por sus hijos, a quienes quería tanto, tanto. Pero este abogado había nacido para la vida bohemia y no para un ambiente familiar. Era un perfeccionista que pretendía hacer todas las cosas de manera limpia y perfecta. Algo, a veces imposible.
Solo en soledad, se recostó sobre su cama, una noche sin luna. Mareado por el alcohol y los medicamentos, vio moverse la foto de sus hijos (que la tenía frente a su cama). Ellos lo saludaban. Pero cerró los ojos y el movimiento cesó. Luego oyó una puerta abrirse lentamente. Atacado por el pánico, se envolvió entre las sabanas. De repente… ¡un hombre con sombrero se arrimó a la vera de su cama! El grito del hombre de seguro despertó a medio edificio. El hombre con sombrero tenía, sujetada en una mano, una enorme guadaña. La llevó hacia atrás y la clavó en el estómago del hombre. Con las tripas afuera, el hombre aún vivía, respiraba sus últimos instantes. El misterioso hombre con sombrero, se retiro con lentitud. Se oyó cerrarse la puerta. El abogado se desmayó (…)
El sol se colaba por la ventana, la mujer del abogado hacía el desayuno. Lo despertó; de súbito, el hombre (transpirado en el pecho) se tomó el estómago. Tuviste una pesadilla, le dijo la mujer al abogado. La misma vivía con él hace seis meses. El hombre agradeció a dios estar vivo. Se levantó, tomó una ducha y luego el desayuno, compartiéndolo con su flamante mujer. Todo estaba en orden, todo, todo. Nunca había mezclado alcohol con medicamentos, ni peleado con su mujer, ni esta vivir en otro lugar, ni sus hijos se movían en la foto ni el hombre con sombrero había entrado para matar.
El hombre leía en el diario, mientras se dirigía al estudio de abogados. Muerte extraña de un hombre a quien se lo encontró con el estómago abierto y una guadaña clavada en él. No hay rastros del asesino. Este hecho conmueve a toda la ciudad. Más extraño era que nadie le hubiese comentado nada antes de este, haberse enterado a través de su diario de todas las mañanas.









