domingo, 28 de septiembre de 2008

EL HOMBRE CON SOMBRERO (LA GUADAÑA)

El hombre sufría de adicción al alcohol e insomnio. Hasta mezclaba vinos y güisquis con medicamentos para dormir. Un día peleó con su amante (ya que esa mujer de su vida, no vivía con él, pero se veían día por medio). Y, cuando ella se marchó masticando impotencia, miedo y bronca, el hombre la intentó alcanzar bajando las escaleras, cuando tropezó y dio tantas vueltas por las escaleras que machucones y heridas de sangre le quedaron en el rostro, y dolores en todo el cuerpo. El hombre se sentía débil. La mujer no atinó a mirar hacia atrás, pero el hombre no recordaba cómo había llegado de nuevo al departamento, ya que había amanecido recostado en su cama con todas esas heridas en la cara y todos esos dolores molestos en el cuerpo, sobre todo en la espalda.

El hombre había sido un exitoso abogado, de prestigio. Un abogado capaz y honesto, sobre todas las cosas, siempre decía la verdad. Al día presente se encontraba endeudado, sin dinero y alejado de sus hijos. Su ex – esposa vivía con ellos (no está de más decir que la mujer que había sido su esposa, cuando ocurrió la separación entre los dos, hace unos once años, había sufrido muchísimo el adiós). El hombre había sufrido mucho la partida de su casa y su familia, por sus hijos, a quienes quería tanto, tanto. Pero este abogado había nacido para la vida bohemia y no para un ambiente familiar. Era un perfeccionista que pretendía hacer todas las cosas de manera limpia y perfecta. Algo, a veces imposible.

Solo en soledad, se recostó sobre su cama, una noche sin luna. Mareado por el alcohol y los medicamentos, vio moverse la foto de sus hijos (que la tenía frente a su cama). Ellos lo saludaban. Pero cerró los ojos y el movimiento cesó. Luego oyó una puerta abrirse lentamente. Atacado por el pánico, se envolvió entre las sabanas. De repente… ¡un hombre con sombrero se arrimó a la vera de su cama! El grito del hombre de seguro despertó a medio edificio. El hombre con sombrero tenía, sujetada en una mano, una enorme guadaña. La llevó hacia atrás y la clavó en el estómago del hombre. Con las tripas afuera, el hombre aún vivía, respiraba sus últimos instantes. El misterioso hombre con sombrero, se retiro con lentitud. Se oyó cerrarse la puerta. El abogado se desmayó (…)

El sol se colaba por la ventana, la mujer del abogado hacía el desayuno. Lo despertó; de súbito, el hombre (transpirado en el pecho) se tomó el estómago. Tuviste una pesadilla, le dijo la mujer al abogado. La misma vivía con él hace seis meses. El hombre agradeció a dios estar vivo. Se levantó, tomó una ducha y luego el desayuno, compartiéndolo con su flamante mujer. Todo estaba en orden, todo, todo. Nunca había mezclado alcohol con medicamentos, ni peleado con su mujer, ni esta vivir en otro lugar, ni sus hijos se movían en la foto ni el hombre con sombrero había entrado para matar.


El hombre leía en el diario, mientras se dirigía al estudio de abogados. Muerte extraña de un hombre a quien se lo encontró con el estómago abierto y una guadaña clavada en él. No hay rastros del asesino. Este hecho conmueve a toda la ciudad. Más extraño era que nadie le hubiese comentado nada antes de este, haberse enterado a través de su diario de todas las mañanas.

martes, 23 de septiembre de 2008

DESPIDIÉNDOSE


Todos se están despidiendo,
cuánto pesa el alma, cómo escarba la piel
dentro de mí.

Se hizo la noche y pasa una moto
a lo lejos
mientras me reduzco a una vaga memoria.

Porque vivir, amar y ser amado, es una hermosa ecuación.

Quiero mis siete vidas, para volverte a encontrar
en algún otro lado,
bajo un farol o en la orilla de alguna laguna,

con la luna de plata y el presente de oro.

Todos se están despidiendo… ¡cuánto pesa el alma!

miércoles, 17 de septiembre de 2008

LA CASONA DE ESTANCIA VERDE

El día oscurecía. Los ladrones, que eran tres, huían en un viejo Renault. La policía los perseguía con sus coches azules. Los ladrones se atrincheraron rápidamente en una vieja casona del Gran Buenos Aires, en un lugar llamado Estancia Verde. Trabaron la puerta con un palo de hierro. La policía los buscaba pero la misma nunca se enteró dónde se habían escondido los malhechores. Eran perseguidos por robo a mano armada, aunque no habían matado a nadie, habían robado un negocio de bebidas.

Así se hizo la noche. El lugar era caluroso debido a las ventanas nunca abiertas, caluroso pero húmedo. El aire era asfixiante y quieto. Los ladrones buscaron maderas para encender en un abandonado hogar. Rompieron unos escalones y prendieron fuego a los mismos, dentro del hogar. La madera se hizo leña y la leña encendida se hizo fuego crepitante que daba calor al sitio donde los ladrones se encontraban (un vasto living sucio, con una mesa redonda llena de polvo). Los malhechores cargaban con armas y bebidas alcohólicas. Embriagados, empezaron a pasarse un revólver, sin balas, según ellos comentaban. ¡Ruleta rusa sin balas!, alardeaban los malhechores. Uno de ellos gatilló y nada (mientras, seguían bebiendo). Otro gatilló y tampoco nada, hasta que el tercero de los ladrones gatillo… y nada también. El revólver descargado descansaba ahora en el suelo polvoriento. Los ladrones se durmieron. Al rato, uno de ellos, el más inquieto, se levantó y empezó a jugar con el arma. Gatilló dos veces sobre su sien. Otro gatillazo al cráneo de uno de sus compañeros, pero esta vez la bala salió disparada a potencia – más dar. De súbito, despertó el tercer ladrón y, en discordia, corrió hacia la puerta y quitó el palo de hierro que trababa la puerta. Golpeó en la cabeza al indefenso compañero (ya que el arma había quedado sin balas) y, debido al peso del palo, el compañero ladrón, cayó muerto, haciéndose en el suelo un charco de sangre, junto al otro compañero muerto. Quedaba un sólo ladrón en pie. El mismo nunca supo que su compañero no había querido matar a su amigo. Pero en fin, ebrio y somnoliento, recordó que en la mochila había otro revólver, quizá cargado. Lo tomó y salió al pastizal delantero de la casona. (Los vecinos habían avisado a la policía por los balazos oídos a esas altas horas). El ladrón, enfrente de dos móviles de policía se pegó un tiro en la sien, y se desplomó. Los policías corrieron a asistirlo en vano, ya que un tiro en esa parte del cuerpo, del cerebro, era mortal para cualquier ser humano. Otros policías entraron, en posición de defensa, a la vieja casona, donde sólo encontraron dos cuerpos muertos de un disparo en la cabeza. Los cuerpos fueron llevados a la morgue del hospital más cercano.

En una habitación de la casa, escondidos en un entretecho, había tres cajoncitos pequeños, con cenizas (restos de cuerpos cremados). Y una tarjeta que decía: Aquí yacen los espíritus de Marcos, Pablo y Santiago, los tres ´bandiditos´ de Estancia Verde. Por siempre los recordaremos en memoria y corazón. Sus padres: Andrea y José.

viernes, 12 de septiembre de 2008

LA MÁQUINA DE DIOS



"El Gran Colisionador de Hadrones (LHC) o máquina de Dios, como ha sido bautizada por la prensa, fue activado hoy con el objetivo de desentrañar los enigmas del origen del Universo, develando cómo se creó la materia y qué pasó con la antimateria durante el Big Bang, en un audaz experimento que llevó a un grupo de científicos a tratar de impedirlo en los tribunales, por entender que puede abrir agujeros negros capaces de aspirar la Tierra y hacerla desaparecer.

Considerado el proyecto científico más ambicioso de la historia, el LHC es un anillo metálico de 27 kilómetros de circunferencia, ubicado a 100 metros de profundidad en la frontera franco-suiza. Con una temperatura interior de 271 grados bajo cero, buscará identificar certeramente "los ladrillos fundamentales" con que se construyeron las estrellas, los planetas y hasta los seres humanos.

Del trabajo, que demandó 12 años de estudios y una inversión de 4.000 millones de euros, participan 500 universidades del mundo y unos 6.000 físicos e ingenieros, entre ellos ocho argentinos (ver aparte)."


http://www.laprensa.com.ar/324407-La-maquina-de-Dios-intenta-develar-el-origen-del-Universo.note.aspx

miércoles, 10 de septiembre de 2008

RECONFIGURANDO A SANDRO DE AMÉRICA

El hombre, 4 décadas en la música. Compositor, cantante, productor, actor de comedia y dramaturgo. El primero en escribir una canción criolla que no fuera folklore ni tango. EL VERDADERO GENIO. El hombre que llenó dos noches seguidas el Madison Square Garden. El rockero y el rey de la música romántica argentina, también llamada "Rock Nacional". Será, siempre y para siempre, el primero y el último, el que maneja los escenarios musicales como nadie. ¡El simpático! ¡El sincero! ¡El carismático! ¡El que sufre la canción! Basta detenerse en un archivo de los años 90´ para verlo en plenitud y órbita de súper hombre, de ARTISTA, de GENIO.

Hoy lucha por su vida. Aunque, dicho por él, sólo desea poder dar un recital más, después podrá morir tranquilo (dios no lo quiera). Pero así es el Grande Sandro, un recital más... para eso está esperando un corazón y un pulmón. No para vivir tranquilo por diez años más... bajo una palmera (tal vez de la que se cayó Keith Richards hace un tiempo atrás...)

Sandro, una vez más. ¡BUENA SUERTE!


http://la.myspace.com/elhombredelarosa

miércoles, 3 de septiembre de 2008

MI AMIGO JESÚS

Más allá de las fronteras del tiempo,
mi amigo Jesús,
sé que perdonas al mismísimo pueblo que te entregó
y perdonas a todos los demás pueblos
que hacen de Ti un producto,
aunque debe ser difícil
aceptar que hay párrocos que pregonan tus palabras y tu amor
para lograr billetes.

Qué será de los pobres, de los suicidas, de los locos,
de los asesinos, de los violadores,
de los que matan por amor, de los que te olvidaron…

Mi amigo Jesús,
aquí estoy, en cuerpo y alma,
escribiéndote un poema que bien podría ser una carta.

Todos los que vivieron como Tú, ya están boca arriba,
enterrados en las tierras del olvido.

Tú eres puro amor y siempre cumpliste tus promesas,
hiciste del mundo tu mundo y un inmenso juglar.

Qué será de los traidores, de los estafadores, de los presidentes,
de los que sólo lloran su propia muerte…

Mi amigo Jesús,
todos nos encontraremos, alguna vez, en la eterna posteridad.
Creo que no hay cielo ni infierno,
hay una ciudad inmensa,
llena de placer y de alivio,
llena de campanas y de luces,
llena de corazones alados y cielos celestes y lluvias románticas,
llena de praderas circundantes, con flores y sus aromas.

Qué será de los bohemios, de los creyentes, de los enfermos,
de los inundados de tormentas, de los bravíos,
de los cansados, de los campeones caídos, de los humanos.

Dime, mi amigo Jesús,
dime en un sueño en dónde estás, hasta cuando y cuándo será
que te veremos a los ojos, al alma.
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La ignorancia contagiosa subconsciente colectiva, ahoga al más sabio y aventaja al más burro