viernes, 19 de diciembre de 2008

SOCIEDAD XXI

En una sociedad donde todo parece se ha prostituido.

Donde los varones andan con una pava hirviendo entre las piernas, listos para un touch and go, y las muchachas los prefieren así. Se olvidaron del varón, simplemente del varón.

Donde lo invisible a los ojos se ha hecho, incluso, invisible al alma.

Donde las tribus urbanas (emos, flogers, darks) están enfrentadas y parecen ser el conflicto social más importante, al menos para la prensa basura.

Donde los de a libros a montones son parte de ese maldito porcentaje de desocupación o de ese trabajo insalubre y los descamisados de charlas de café consiguen un puesto en la municipalidad.

Donde el político medio es honorable y el hombre que se quedó sin nada, por no pertenecer a la raza de los de la mano en la lata, es un peligro, un paria social.

Donde el que más dinero tiene más fina compra la falopa y los que nada tienen, los marginales, en riesgo de muerte, se drogan con drogas súper baratas como el Paco, que es restos de un naufragio.

Donde los sátrapas inmorales duermen a pierna suelta y los honestos de a pie se desvelan porque crujió un mueble.

Donde el que más sabe menos amigos tiene y más enemigos parece tener. Donde vence el burro aquel que en años del ayer quedaba entre la espada y la pared.

Donde el genio se emborracha solo en una habitación, porque es incomprendido por los mediocres que son cháchara y aceptación social. También están los trabajadores de buena fue, que trabajan de sol a sol y son agua y pan y el recreo nunca les llega.

Donde la envidia es un patrón común y la gloria en vida es resistida en el sistema corrupto y mafioso.

Qué extraño es para mí criticar a la sociedad, a la cual no deseo pertenecer. Pero qué ocurre… No tengo trabajo ni estudio ni una pava hirviendo entre las piernas. No me considero vivo ni enterrado. Me considero un vago que sólo intenta lo que no intenta.

Será que me enfermó la sociedad. Será que el mundo es así. Pero me consuelo, con saber que todo llega, que el silencio de los grandes hace más ruido que el grito de los mediocres.

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