martes, 28 de octubre de 2008

SOMBRAS

Estaba Susana en el sauna dándose un baño de inmersión. El agua tibia. Su esposo, un psiquiatra reconocido, leía el diario en uno de los sofás del living del piso donde vivían.

De repente, el hombre vio unas sombras extrañas en las cortinas de la ventana de calle. Eran las ocho y cuarenta y cinco de la noche. Las sombras se bifurcaban, hasta que se aclararon poco a poco. Era la imagen de un hombre ahogando a una mujer en la bañadera. El psiquiatra se tomó la frente con las manos, cerrando los ojos, deseando que cuando los abriera esas sombras ya no estuviesen. El Doctor abrió los ojos y la acción de las sombras seguía ahí, en las cortinas. El psiquiatra se levantó, con mucho temor corrió las cortinas… ¡y las sombras seguían, como impregnadas, ahora en la ventana! El hombre corrió hacia atrás y se arrojó al suelo. Sin duda estaba alucinando, él lo sabía. ¿Pero cómo podría acabar con tan macabra alucinación? Su esposa terminó el baño y las sombras lo seguían persiguiendo, por todas partes de la casa. El hombre excusó que no tenía hambre y se acostó temprano, deseando que al despertar todo hubiese sido una pesadilla.

Sonó el despertador, Susana abrazada a su pecho, la brisa se colaba por la ventana, calma, paz. Todo parecía haber sido un mal día el de ayer. El psiquiatra se frotó los ojos y tomó un baño rápido. Mientras, su mujer, aún somnolienta, se levantó y ya preparaba un desayuno. ¡Pero las sombras aparecieron de nuevo! Y siempre la misma imagen en movimiento: un hombre ahogando a una mujer en el bañadero. Para peor, el hombre no quería contárselo a su mujer por temor a ser tratado como loco, con todos los prejuicios que puede tener su oficio.

Susana se predispuso a un baño de inmersión. El Doctor, al oír el lleno del agua, se dirigió hacia el sauna. Entró, se desvistió, ahogó a su esposa presionando su cabeza con ambas manos hasta que ella dejó de respirar. Luego, él, metió todo su cuerpo debajo del agua y se dejó morir ahogado. Esa mañana se hizo tinieblas y espanto. La policía llegó al lugar del trágico, al entrar a la casa, vieron la escena tétrica y dolorosa. Pero nunca vieron las sombras… aunque oyeron un murmullo de río, como desovando al mar.

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