miércoles, 5 de noviembre de 2008

EL ESCRITOR Y SU ESMERALDA

Un hombre que vivía en España y se ganaba el pan escribiendo ensayos, mantenía a su familia que no eran más que su esposa y su pequeña hijita.

Un día, el hombre tuvo un clic en el cerebro y lo abandonó todo: se despidió de su esposa y su pequeña hija y se marchó, en su auto marca Ford, a una zona montañosa de España. Tenía una cabaña pequeña donde escribir. Él sentía que necesitaba mejorar sus ensayos y demás escritos. Para eso necesitaba de la soledad e inspiración de la naturaleza. Había abandonado el diario en que escribía columnas literarias. Había abandonado a su familia. Lo había abandonado todo. Sólo se llevó a la cabaña rodeada de árboles y montañas pedregosas, una vieja computadora, donde escribía y donde escribiría en su nuevo hábitat.

El silencio le invadió. Al tiempo de vivir en las montañas, el hombre encontró una esmeralda de colores amarillos y rojos. La guardo en su cabaña.

El hombre escribía, escribía y escribía, prolíficamente pero en calma y soledad. Extrañaba a su familia, más por no haber llevado una foto de su mujer e hijita donde mirar y recordarlas.

Tenía más de cien escritos – ensayos, había estado conviviendo, entre lobos y aires violentos por la altura donde se encontraba. Pero una noche, de la esmeralda que había recogido meses atrás, emanó una luz brillante, color amarilla y roja. La cabaña se invadió de esas luces. El escritor, que dormitaba, pudo sentir cómo se le helaban los huesos del susto repentino. De las luces salió una sombra, fría y brumosa. El escritor se levantó de la cama y salió corriendo por entre los árboles de la montaña. Ahora estaba perdido en la oscuridad de una noche sin luna.

Cuenta la historia, que una vez se encontró a un hombre desmayado en los bosques de España, con una esmeralda en una de sus manos. Su familia había sido robada y asesinada en el momento en que el hombre se desplomaba entre los árboles. La mujer había sido violada y matada frente a la hijita que, entre llantos, corrió hacia su madre. La niña fue traspasada por un puñal. El asesinato fue a pleno sol y la sangre no se hizo esperar.

Cuando el hombre fue asistido por otra persona que vivía en el bosque. El hombre decidió volver hasta su casa de ciudad. Dejó la esmeralda. Cuando llegó a su hogar y abrió la puerta, se encontró con una soledad parecida a la que había encontrado en el bosque.

Un mensaje en el teléfono decía así: Somos los demonios que salen cuando hay luz amarilla y derramamos sangre roja cuando se nos antoja. Su familia ya está en la morgue. El hombre rompió todos los escritos, entre llantos de impotencia.

Nunca quiso saber nada más de la esmeralda, pero cambió su rumbo literario y escribidor.

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