jueves, 28 de febrero de 2008

ME ARRUINARÍA


Me arruinaría hasta los harapos mugrientos,
la sangre al río
y los pedazos rotos de un cristal extraño que late y siente.

No es que no quiera verte: me conmueves hasta los dedos de los pies,
mas tengo una vida, por más oscura, por más insensata,
no voy a matarla para siempre.

En un boceto tengo el poder de sentirme fuerte o débil
sin estar fuerte ni débil.

Me arruinaría hasta la mediocridad del alma,
aunque cueste aceptarla así (como tal).

Quiero verte, quiero perderte para siempre, siempre.
Quiero verte, mas no todo es tan sencillo,

a veces los ojos se incendian y ya no ven más nada
y la memoria del corazón
se olvida de todo, todo.

domingo, 24 de febrero de 2008

DE LA APARIENCIA


Todos ven lo que parezco, pocos sienten lo que soy.

Reflejo mi parte más valiente cuando digo la verdad y escondo mis sentimientos cuando amo de veras. Pero esos sentimientos son inexplicables.

Inexplicables. Porque sólo se manifiestan en el corazón. Si lo hiciesen en la mente saldrían expresados en palabras, pero amar es sentir en el alma, en el corazón... y se pierde la razón.

Porque amar es eso, no poder expresar en palabras aquel sentimiento infinito que nos quema el músculo sentimental.

Por mirarte en un instante estoy roto corazón. Mi corazón está roto. Tengo los pedazos despedazados de mi espejo interior.

miércoles, 20 de febrero de 2008

LAS VOCES


El accidente causó la muerte de la madre de Luz, una dulce niña de tan sólo diez años. El padre de la misma tuvo un trauma tal que se vio en la voluntad obligada de comenzar una terapia con un psiquiatra. La niña, raramente, soportó la muerte de su madre, aunque todas las noches soñaba pesadillas y necesitaba que el padre le contara unos cuentos infantiles que, a veces, le quitaban esas pesadillas. Una vez que la hija se dormía, el hombre se iba a fumar cigarros y tomar güisqui. Se encontraba de licencia en su trabajo de banquero.

Era común, desde el desvarío mental, que, por las noches, el hombre viera al fantasma de su esposa. También que el mismo oyera voces. En fin, el equipo terapéutico le recomendó al hombre que dejara en buenas manos a su hija Luz y que él se internara en un neuropsiquiátrico, por un tiempo hasta que pasara la crisis cerebral. El hombre lo pensó mucho, varios días, aunque no más de una semana. Y por fin se decidió: dejaría a su hija en la casa de su hermano y él se internaría.

El día de mañana lo haría. Su hija empezaría a vivir por un tiempo indeterminado, hasta que él se repusiera, en la casa del tío. Esa noche estaba desvelado, la hija durmiendo. De repente, una voz le susurró al oído: te odio, te odio, grrrrr, muerte, muerte. El hombre se dejó caer en un rincón del living de la casa (donde estaba fumando, tomando güisqui a montones). Una lágrima corrió por la mejilla del padre de Luz. El hombre no soportaba más los susurros… ¡Basta! ¡Basta por favor! – gritó el mismo. Sus gritos rompieron los sueños de Luz, que se despertó y fue hasta donde se encontraba su padre. La niña, al ver la imagen de su padre, demacrado, pálido y temblando en un rincón del living de la casa, echó a correr hacia él y lo abrazó. El padre la tomo de la cintura y le dijo todo lo que la quería.

Luego de un rato, el hombre se levantó, tomó a la niña de la mano y la llevó hasta el cuarto para que volviera a dormir. Le contó un cuento corto infantil, la niña, sonriendo, se durmió. Y las voces otra vez: ¡grrrrr! ¡muerte, fuego, odio! ¡muerte! El hombre cerró los ojos y los susurros cada vez eran más fuertes. En un clic que le pinchó el cerebro, le agarró un ataque de bronca, sin pensar la acción, el hombre tomó la almohada, la puso sobre la angelical cara de Luz, apretó fuerte y la muerte fue por asfixia. El hombre había matado a su hija. Llamó a su hermano, a las 3:15 horas de la madrugada. Con mal humor, el hermano del hombre preguntó quien era. Sólo dos palabras le dijo el hombre a su hermano: la maté, y colgó. ¡Era mi hermano! gritó desesperado el tío de Luz. La mujer despertó y luego de las explicaciones de su marido acerca del llamado, el mismo intentó llamar a la casa de su hermano. Pero el teléfono daba descolgado. El hombre había tomado un revolver que tenía por seguridad, guardado en un viejo placard, a una altura que Luz (ya muerta por asfixia) nunca hubiese podido alcanzar ni ver. Se pegó un tiro en la sien. Esa acción la llevó a cabo en el cuarto donde antes dormía con su mujer. En el piso de madera se formó un charco de sangre. La noche se hizo vieja; El hermano del hombre, que tenía las llaves de la casa del mismo, desde que este empezara con los problemas mentales, se dirigió con urgencia hasta la misma, abrió la puerta y vio toda la escena. Entre llanto, intentó despertar a Luz, pero al rato se dio cuenta que la niña ya no respiraba.

viernes, 15 de febrero de 2008

DOS BARQUITOS DE PAPEL


bajo lluvia de cenizas, de fuego en realidad.

Las hélices amargan el silencio enrarecido: decrépita noche.

Intemperie, acecho húmedo de cartón;
nos hemos abandonado:
no somos quienes fuimos;

somos la deriva de un río
y soles de días que no vuelven.

El cielo está nublado, oscurecido,
la tormenta es un fulgor de voces de fragores de terror,
tronares de luces y estrepitosas chispas blancas.

Dos barquitos de papel bajo lluvia de tormenta de un verano en pena;
dos barquitos ahogados.

POEMA I DE FEDERICO GARCÍA LORCA


Tardará mucho en nacer,
si es que nace,
un andaluz tan claro,
tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia
con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste
por los olivos.

martes, 12 de febrero de 2008

EL HOMBRE DEL JARDÍN


Cuenta una vieja historia acerca de un hombre y una mujer, que se querían mucho. Vivían en una casa con jardín trasero y un pequeño espacio de losas a la entrada.

El hombre acostumbraba, de forma asidua, a podar los árboles del jardín. Esa labor la emprendía por las mañanas. Por las tardes trabajaba con su máquina de escribir, ya que el mismo era escritor y vivía de las letras. Tenía una vida tranquila. Pero por las noches abandonaba la casa y su amor y partía a encontrarse con amigos, ya que para la mujer no era de agrado que los mismos vinieran a su casa a tomar cervezas y jugar cartas. Ella amaba la noche, meditaba, miraba televisión y se acostaba con el alba. Se levantaba al mediodía, preparaba el almuerzo para ella y su esposo y seguía con las tareas de la casa.

Hubo una noche en que el hombre y sus amigos salieron a un boliche. El hombre les dijo que, como era casado, sólo aprovecharía el local para beber unos tragos y escuchar música a más volumen que el que acostumbraba. Los amigos lo entendieron y todos salieron de parra. Pero ocurre que el hombre, sentado a la barra del boliche, vio una morena encantadora que le llenó el estomago de hormigas. Se miraron, casi sin quererlo, y la muchacha (unos cuantos años menor que él) le indicó con el dedo índice, que fuera a su encuentro. El hombre estuvo sentado mirándola unos cuantos segundos, hasta que reaccionó y se olvidó de su compromiso matrimonial. Quizá el alcohol influyó en la decisión de acercarse a la muchacha y bailar con ella unos cuantos lentos.

6:15 hs. Los amigos trajeron al hombre hasta su casa en el auto de uno de ellos. En el mismo se encontraban todos y la muchacha. Fue muy irónico; el único que se veía limitado a ir al boliche fue, asimismo, el único que encontró una mujer que le dejara su número telefónico. El hombre los saludó y, sabiendo que su esposa, casi con seguridad, estaría durmiendo, como siempre a esas horas, saludó a la morena con un beso en la boca, en la boca y fervoroso. La mujer había oído el ruido de los frenos del coche y los murmullos de los amigos y su esposo, ahí frente a su casa. Se levantó de la cama y lo vio todo, el beso también.

Para sorpresa del hombre, su esposa se encontraba levantada. Gracias a un dios que él se había borrado, con un pañuelo, el rouge que la morena le había dejado pintado en los labios. Su esposa se hizo la desentendida y le pidió al marido que fuese a la cama. Todo esto, luego de que el hombre confesara toda la verdad menos la de la muchacha.

Los dos se recostaron en la cama matrimonial. La mujer le contó que no había podido conciliar un buen sueño y que dormiría hasta pasado el mediodía. El hombre le prometió podar los árboles del jardín durante la tarde y escribiría hacia el atardecer. La mujer, en plena vigilia de su esposo, casi dormido, le susurró al oído: no hace falta que podes, yo podaré por ti. El hombre no entendió las palabras, le dijo que no se preocupara, que él lo haría. Pero ella insistió. Podaré ahora mismo, le dijo. El hombre, totalmente desorbitado cerró los ojos esperando que el sueño le llegara. La mujer le susurró otra vez al oído: podaré ahora. Sin tiempo de que el esposo de la misma pudiera contestarle, agarró la podadora que había traído de la sala de herramientas y que ahora la tenía a su lado de la cama. La abrió ampliamente y cortó el pene de su marido: un grito espantoso se oyó aquella mañana. La mujer durmió entre sangre, con el hombre delirando de dolor y muriéndose en la cama matrimonial. ¡Te vi besar a una muchacha! Le dijo. La mujer durmió hasta pasado el mediodía. El hombre murió lentamente, desangrado.

viernes, 8 de febrero de 2008

INSOMNIO


Mi cara desfigurada delata las horas de sueño perdido que se han ido con el tiempo y con el renacer de un nuevo día, aunque para mí tan solo un nuevo amanecer de los tantos que tienen mis días.

Los ojos rojos por el cansancio contenido, las pupilas levemente dilatadas por el pasar del tiempo, los párpados semi – abiertos; mi rostro desfigurado que muestra claramente la somnolencia contenida desde la última vez que logré dormir.

Sé que no estoy despierto sino que tengo los ojos abiertos. Y esto no es literalmente, ya que mis sentidos no funcionan como deberían en una persona lúcida más allá de los problemas habituales que le pueden ir sucediendo a lo largo del día.

Su corazón está herido, ella me dejó y no hubo una mirada del adiós entre los dos.

Jamás olvidaré aquella mirada profunda y misteriosa como las luces del universo. Aquella mirada que conquistó mi corazón para el resto de los días. Y esa pequeña que nunca podré dejar de recordar con un sentimiento compartido.

El sueño no me llega, la corriente de la vida no tiene piedad con mi alma partida en mil pedazos, mil pedazos del espejo interior. No me tiene piedad porque las horas pasan y no logro conciliar un descanso por demás merecido, y mi cabeza gira por mil recuerdos, la mayoría nostálgicos y melancólicos de un pasado que lo tuve a mis pies.

Llevo tres días y tres noches sin dormir. También cargo en mi alma con dos corazones rotos y un puñal ardiente de fuego que quema todo el tiempo.

lunes, 4 de febrero de 2008

OTRO MUNDO


Que venza la pesadez incalculable de la verdad
que es el único tesoro que atesoro
y que los ases debajo de mi manga jamás fueron usados.

Quisiera morirme de amor,
mas no puedo elegir… todo sería tan fácil.

Que los buenos borrachos encuentren su estado,
que sanen los enfermos,
que los presos vuelvan a sus casas.

Quisiera enloquecerme de soledad,
mas no es una utopía ni mucho menos.

Habrá otro mundo después de este mundo,
un mundo al mismo tiempo tal vez
y así rodará la luna por Callao y Santa Fe.
Se encontrarán los tiempos y los vientos
y los sabios serán más sabios
y este mundo acabará y habrá otro mundo por destruir.

Que los soñadores conquisten sus sueños
cuando baja el sol detrás del mar
y venga esa luna redonda para ser testigo de la quieta noche.
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La ignorancia contagiosa subconsciente colectiva, ahoga al más sabio y aventaja al más burro