EL VIEJITO CIEGO Y SU PERRO LAZARILLO

Había una vez un viejito ciego, que se había quedado sin familia, por esas cosas del destino, y tenía, como fiel y compañero amigo a su perro lazarillo, llamado chispita. El nombre de este animal se contradecía en lo total con su aspecto corporal, ya que era un ovejero enorme.
Chispita guiaba todos los días al buen hombre. Lo guiaba hasta la farmacia a comprar medicamentos; al supermercado a comprar comida (para los dos); lo acompañaba a muchos otros lados y sobre todo en la soledad de su hogar.
Chispita era un ovejero de piel negra y marrón, de una boca enorme y filosos dientes, lo que hacía que quienes quisieran tratar de aprovecharse del viejito lo repensaran y a fin de cuentas se alejaran del hombre.
En una ocasión, fueron al supermercado, como les era costumbre, y el viejito compró productos y comida. Pero se olvidó de la comida del buen perro. Este se había dado cuenta.
Al volver al hogar (que, en realidad, era un departamento en la ciudad porteña), el viejo se desabrigó, busco a tientas el plato de comida y su cotidiano vaso para tomar vino tinto). Se sentó a la mesa y, cuando se disponía a comer su arroz con queso rallado, pudo percibir que chispita estaba comiendo fervorosamente de su plato. El viejito, no acostumbrado a estos modales del perro, recordó que, como a esa misma hora también el perro comía su comida, él se había olvidado de comprarle la suya en el supermercado.
El plato fue devorado por el perro. El viejito, en un ataque de furia, le dio unos cuantos bastonazos al lazarillo. Este gimió de bronca y tristeza por la actitud del dueño. De repente, se hizo un minuto silencioso. Luego se comenzó a escuchar unos gruñidos aterradores. Era chispita que, enfurecido, le gruñía al viejito. En un instante, el perro se abalanzó contra el hombre y comenzó a morderlo en un brazo. El dueño bramaba sin piedad… El viejito fue descuartizado por el perro lazarillo. Había sangre por todos lados, un brazo arrancado y una cara irreconocible. Chispita había matado a mordiscones enormes a su dueño ciego.
Misteriosamente nadie fue testigo de dicho evento.




1 comentarios:
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