LA FAMILIA EN LA CABAÑA

Estaban el padre, la madre y los tres hijos, sentados a la mesa de madera de una afable cabaña, en medio del bosque. Hacía un día hermoso; el sol entraba con potencia por las ventanas y la puerta abierta del hogar. Comían unas deliciosas hierbas azadas por la madre. Los hijos eran dos varones y una muchacha. Los varones tenían, uno, siete años, el otro diez años; la chica tenía trece años de edad. Los tres saludables.
Terminada la cena, el padre se levantó y se dispuso a talar un árbol para obtener leña para el hogar. La madre lavaba los cubiertos. Los hijos varones se divertían con una pelota de peluche, en el verde pasto, cerca de la cabaña. La hija leía un libro de hadas y magia.
Era el atardecer y todos se encontraban en la cálida cabaña. El padre había conseguido leña para el hogar, la madre había lavado todo y tomado una siesta. Los hijos varones, cansados de jugar, habían vuelto a la cabaña y conversado cosas de niños. La hija había terminado su libro de hadas y magia.
Al caer el sol, el padre salió de la cabaña con el hacha en la mano. Parecía que se disponía a talar algún que otro árbol.
En un grito desesperado llamó a los dos varones. Cuando estos llegaron, felices y riendo, el padre de los niños estiró el hacha hacia atrás y, en un envión, degolló a los dos niños que ni siquiera pudieron emitir voz alguna. Las dos cabezas, arrojadas en el pasto, tiñeron el mismo de un rojo carmín. El padre, fuera de sí, fue caminando lentamente hacia la puerta de la cabaña. La niña corría a su encuentro y este la descabezó, igual que a sus hermanos. La madre (esposa del hombre) emitió un grito de espanto y desesperación. El hombre lanzó el hacha hacia la mujer, que murió con la misma clavada en medio de la frente. El asesino prendió la leña en el hogar. Cuando las llamas ardían a más dar, el mismo se metió, como metiéndose a una pileta, y, entre gritos de dolor, se cobijó entre las llamas y murió quemado y devorado por el fuego ardiente.
Dicen que se oyó un grito más aterrador que el de los lobos.
Terminada la cena, el padre se levantó y se dispuso a talar un árbol para obtener leña para el hogar. La madre lavaba los cubiertos. Los hijos varones se divertían con una pelota de peluche, en el verde pasto, cerca de la cabaña. La hija leía un libro de hadas y magia.
Era el atardecer y todos se encontraban en la cálida cabaña. El padre había conseguido leña para el hogar, la madre había lavado todo y tomado una siesta. Los hijos varones, cansados de jugar, habían vuelto a la cabaña y conversado cosas de niños. La hija había terminado su libro de hadas y magia.
Al caer el sol, el padre salió de la cabaña con el hacha en la mano. Parecía que se disponía a talar algún que otro árbol.
En un grito desesperado llamó a los dos varones. Cuando estos llegaron, felices y riendo, el padre de los niños estiró el hacha hacia atrás y, en un envión, degolló a los dos niños que ni siquiera pudieron emitir voz alguna. Las dos cabezas, arrojadas en el pasto, tiñeron el mismo de un rojo carmín. El padre, fuera de sí, fue caminando lentamente hacia la puerta de la cabaña. La niña corría a su encuentro y este la descabezó, igual que a sus hermanos. La madre (esposa del hombre) emitió un grito de espanto y desesperación. El hombre lanzó el hacha hacia la mujer, que murió con la misma clavada en medio de la frente. El asesino prendió la leña en el hogar. Cuando las llamas ardían a más dar, el mismo se metió, como metiéndose a una pileta, y, entre gritos de dolor, se cobijó entre las llamas y murió quemado y devorado por el fuego ardiente.
Dicen que se oyó un grito más aterrador que el de los lobos.




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