martes, 10 de junio de 2008

DE QUE SIEMPRE SE PIERDE UN POCO

Siempre se pierde un poco cuando la metamorfosis de una vida cubre heridas. Henchidas las venas están a punto de explotar y así, entonces, derramarán sangre por doquier. Los rincones de nuestros hogares quedarán bañados de ese líquido rojo, líquido que bombea ese loco motor sentimental.
Siempre se pierde un poco cuando un hombre deja olvidada su maleta de tormenta. Los torrenciales días quedan atrás, un hombre sufrido vuelve de su infierno, y siempre se pierde un poco.

Los tiempos de furia celestial y espiritual se quedan acurrucados en el rincón del olvido, pero siempre queda una huella marcada a fuego en el pecho de un hombre que ha sufrido, que ha combatido contra toda corriente, que ha combatido.

Siempre se pierde un poco cuando un hombre se convierte, quedan intactos los sentidos, ¿quedan intactos?

Siempre se pierde un poco cuando la barcarola de un hombre ha cruzado el extenso mar, y a la orilla del otro lado llega herido por los oleajes impiadosos, por los oleajes.

Y siempre, siempre se pierde un poco... en cada conversión.

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