jueves, 15 de mayo de 2008

EL ENGAÑO

El seguridad estaba en la cama matrimonial, con la mujer del abogado. Era un día lunes, el día gris, lluvioso. Lo estaban haciendo, cuando el abogado abrió cansinamente la puerta de entrada de la casa. Los quejidos de la mujer eran tan fuertes que no oyeron la llave en el ojo de la cerradura.

El abogado escuchó los quejidos de María, su señora esposa. También oyó unos correteos, eran los de su niño de cinco años, que se dirigía hacia la habitación en donde el seguridad estaba teniendo sexo con María. Pero antes de entrar a la misma, el niño vio a su padre y fue correteando a abrazarlo. El pequeño esbozó una sonrisa. El padre del mismo le pidió que se quedara allí (en el living de la casa). Luego, el hombre se dispuso a enfrentar la situación. Entro caminando a la habitación del engaño. ¡Muy bien María!, dijo el abogado. Luego agregó, y tú, hijo de puta, te mataré. El seguridad, sin pensarlo buscó, con todo el torso desnudo, su revólver. Cuando disparó contra el abogado que, raramente, había quedado parado unos pocos pasos delante del umbral de la puerta, el niño, sin obedecer a su padre, se cruzó en la trayectoria de la bala y la misma fue a darle en la sien. El esposo de María abrió grande los ojos, miró al niño muerto y se abalanzó contra el seguridad. Este, sin tiempo de reaccionar, luchó en la cama contra el justiciero esposo. María se levantó de la cama, se tapó con un toallón, espantada por toda la situación. Fue corriendo hasta donde yacía muerto su pequeño. La esposa lo tomó en sus brazos. Los dos hombres seguían luchando en la cama, hasta que se oyó el disparo metálico de la bala saliendo del revólver de seguridad. El abogado murió de un disparo en el pecho.

María, enfurecida, corrió hasta el mismo y le dio una piña en la cara, luego otra; lo arañó por todas partes. Cuando ella se dispuso, casi sin pensarlo, a llamar a la policía, una bala la alcanzó por detrás. Aún estaba viva, tirada en el suelo del pasillo que conducía al living de la casa.

El seguridad quedó vivo, María murió, igual que el abogado y el pequeño hijo. El seguridad fue condenado a veinte años de prisión. A los ocho años salió de la cárcel por buena conducta y le metió los cuernos al vecino de la familia ya muerta.

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