MASACRE EN EL ESTADIO DE FÚTBOL

El estadio de fútbol, en pleno partido, había quedado a oscuras, igual que los alrededores del mismo. Un grupo armado con pistolas con mira y un francotirador desde uno de los edificios lindantes con el estadio, estaban cerca de concretar una masacre.
La gente quedó en el estadio esperando la vuelta de la luz. Pero tardaban mucho los focos en volverse a encender, y los alrededores seguían a oscuras.
El hombre francotirador tenía una mira con luz infrarroja. Con la misma apuntó y mató a un total de quince jugadores, yacidos en el verde césped. Los restantes siete jugadores también fueron alcanzados por las balas. Sólo se salvaron los suplentes, que habían quedado en los banquillos de suplentes y corrido, una vez desatada la furia de las balas, hacia los vestuarios. El árbitro que se había retirado hacia dentro del estadio para establecer comunicación con la seguridad del mismo, también se salvó; no así los jueces de línea que también habían sido traspasados por las potentes balas del grupo armado.
El hecho fue un desastre, una masacre con un total de veinticuatro muertos.
Una vez reestablecido el servicio de luz, la gente que se había marchado hacia dentro del estadio, al escuchar los disparos, pudo ver en el césped de la cancha a veintidós jugadores y dos jueces de línea muertos, yacidos allí.
Presos del espanto, bramaban por seguridad policial, sin saber que los responsables de esta masacre habían sido un grupo de policías, armados hasta el cuello.
La voz del estadio pidió a la gente que esperara una hora en los asientos, comunicándoles que la policía estaba replegándose para hacerse cargo de la seguridad de los mismos (los espectadores).
La masacre será recordada para siempre.

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