LADRONES EN LA CASA ITALIANA
Era una familia típica italiana, viviendo en Buenos Aires. Los ladrones, que eran tres, habían entrado por la puerta trasera de la casa, que daba a un pequeño pero cuidado jardín. Los delincuentes habían subido por el techo y bajado por atrás de la casa. Pisaron algunas flores amarillas.Estaban los esposos, los padres de los esposos, los hijos de los esposos (que eran cuatro: dos mujeres y dos varones) y un perro que ni siquiera pudo ladrar cuando los ladrones le dispararon, desde una ubicación en que el perro no podía verlos, con un silenciador.
La primera muerte humana fue la de la abuela materna de los niños: tiro al medio de la frente. Luego siguieron con la matanza gerente: violación frente a toda la familia italiana. La violada fue la abuela paterna de los niños. Una vez humillada y ultrajada, uno de los tres delincuentes apoyo la boca de la pistola sobre el cuello de la anciana y disparó. El cuello reventó. Me manché la remera con sangre, la puta madre. Dijo el ladrón a los otros dos que estaban apuntando al resto de la familia, presa del pánico y la impotencia.
Con las dos ancianas muertas era el turno de los ancianos. ¡Matamos primero a las abuelas porque las mujeres siempre están primero! Haremos una excepción con tu esposa, le dijeron bramando al padre de familia. Queremos todo el dinero que tengas, le dijeron al hombre. El mismo los guió hasta una habitación donde debería de estar el dinero. En un intento de acto heroico, el hombre golpeó al ladrón por las costillas y este, que lo apuntaba desde atrás, disparó por inercia. La bala fue a parar al ojo derecho del hombre, que murió desangrado. El disparo se oyó desde la cocina donde quedaban los hijos y su madre. El pánico y la desesperación les apresaron.
El ladrón que había matado al padre de familia, volvió y le comentó a la mujer sobre el acto heroico del mismo y sobre su muerte. Le pidió que le entregara todo el dinero que tenían guardado en la casa, de no ser así mataría a todos sus hijos, que estaban siendo apuntalados por los otros dos malhechores. La mujer accedió, hundida en dolor por la muerte de su esposo.
La mujer guió al ladrón hasta la misma habitación donde yacía muerto su esposo y la sangre se encontraba desparramada por todo el piso. La mujer entregó unos 20.000 pesos al delincuente, que le agradeció y le tiró al cráneo. Otra muerte en la casa italiana. Los hijos gritaron desconsolados.
El ladrón volvió a la cocina de la casa con el fangote de dinero envuelto en una bolsa. Extrañamente se había equivocado, pues los disparos no tuvieron el silenciador; un error tal vez fatal para el destino de estos delincuentes. Una vez que entraron en razones acerca de tal error, sólo atinaron a salir corriendo por el jardín de la casa. Así lo hicieron. A los pocos minutos cayó un patrullero, avisado seguramente por algún vecino que oyó los disparos.
Cuando los policías irrumpieron en la casa, los cuatro hijos estaban arrojados, llorando de desesperación. Ya era tarde, los ladrones habían huido por detrás de la casa. Los cuatro jóvenes quedaron huérfanos de padres y abuelos.
Los ladrones nunca fueron encontrados.

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