DEL SÍNDROME DEL SOLITARIO

El síndrome de un solitario herido en su propia extradición.
El dolor de un casi – poeta que sufre y se desgarra por una soledad forzosa que no afloja y retuerce en mil vueltas la mente suicida de una persona herida. Herida en mil pedazos, roto mi espejo interior, que es mi herido corazón y busco en la auténtica soledad de las noches, en el oscuro firmamento, quizás buscando alguna respuesta en la solitaria madrugada. Mi cielo oscuro es el corazón herido en mil pedazos y la mente extraviada en mil recuerdos. Mil recuerdos perdidos en el viento incesante de la vida que se marcha en cualquier dirección y olvidados con dolor interminable en el tiempo ahora infinito, es el tiempo de la mente. Será el tiempo subjetivo, aquel que nada que ver tiene con la realidad, pero que tantas emociones me produce la auténtica y siempre existente realidad de los tres tiempos.
¿Es el tiempo que dejó olvidados los recuerdos, o el triunfo del dolor emocional que olvidó el tiempo y sus recuerdos, presentes en la realidad pero ausentes en la fantasía inconsciente?.
Es el síndrome de un solitario herido por su propia soledad, porque quizás yo sea un solitario al que, paradójicamente, le gusta la soledad pero nunca debe estar solo.
Es el triunfo de la mente subconsciente sobre una conciencia extremadamente aturdida y confundida por el encierro y por el tiempo que parece infinito, es el síndrome que me permite ver el vacío del mañana, en realidad, me deja sufrir con esa visión emocional tan particular, y tan dolorosa en su consecuencia. Porque esa visión es en realidad la más profunda sensación de vacío en todo mi corazón, y parece que por ya nada vale la pena luchar, porque no hay un presente ni mucho menos existe un mañana, este es el síndrome que el auténtico solitario debe sufrir cuando alcanza el extremo en su manera de ver y sentir la vida; cuando tropieza con su propia ideología; cuando sabe que está sufriendo por no ver ya el mañana; por sentir un vacío inagotable e incontinente, dentro mío lo siento y dentro mío sufro un dolor que alcanza cualquier extremo, pero hay que ser fuerte contra la corriente, el problema es si la corriente no cesa ni cesará jamás, ese es un problema, uno más del síndrome del solitario, herido en su propia vida.

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